sábado, 28 de mayo de 2011

DEFINICION DE DROGA

COMO DEFINIMOS LA DROGA
Encontrar un significado exacto y a la vez realista al término droga no es tan sencillo como parece. Abandonar los problemas y situaciones derivadas de su consumo, tampoco. Las definiciones médicas y farmacológicas se muestran insuficientes ante la complejidad de n tema de transcendencia mundial por sus implicaciones, pero cuya perspectiva concreta depende de cada sociedad y cada cultura. Su tratamiento a base del recurso a las leyes simplemente ha demostrado también su insuficiencia, porque el problema hunde sus raíces en las características de todo un modelo de convivencia.
Según la organización mundial de la salud (OMS), el nombre de la droga  resulta aplicable a toda sustancia, terapéutica o no, que introducía en el cuerpo por cualquiera de los mecanismos clásicos (inhalación de vapores de humos, ingestión, fricciones, etc.) de la administración de los medicamentos es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central del individuo hasta provocar en él una alteración física o intelectual, la experimentación de nuevas sensaciones o la modificación de estado síquico. Esa modificación, condicionada por los efectos inmediatos (psicoactivas) o persistentes (crónicos), predispone a una reiteración continuada en el uso del producto. Su capacidad de crear dependencia, física o síquica, en el consumidor o precisamente una de las características más importantes a la hora de definir una sustancia. Como droga. Pero la dependencia no viene determinada exclusivamente por esa internación en la sustancia y el sistema nervioso central que, real y objetivamente tiene efecto bioquímicos agudos, persistentes o crónicos a corto, medio o largo plazo. Es una situación más compleja, en la que también interviene la estructura social donde donde se desenvuelve el sujeto, sus relaciones en un grupo humano y la “agresividad” en los mecanismos del mercado del producto. En este factor de dependencia está basada, precisamente, una de las calificaciones más controvertidas de las drogas: “duras o pesadas”, cuando crean adicción física, y “blandas o ligeras” cuando no crean.
Hoy, los tradicionales y legales el alcohol, tabaco, medicamentos y cafeinicos comparten su hasta pocos años indiscutibles “reinado” con el hachís, la coca, los opiáceos y los alucinógenos. La búsqueda de nuevas experiencias, los problemas efectivos, la crisis de la familia, el dese a escapar el control social, la germinación y la presión que ejercen ciertos mercados, fijaran con las causas principales de su aparente éxito.  Para muchos individuos, sobre todo jóvenes, el paraíso ficticio de las drogas parece como una forma, si no de lucha, si de contestación, de transgresión, de lo establecido de enfrentamiento radical contra los principios y los valores de la sociedad que les es hostil, y en la que no creen. Solo que, frecuentemente, el supuesto remedio tiene mayores costos que la enfermedad. Si difícil es que las drogas ayuden, a lo largo del plazo, a soportar mejor determinados problemas, imposible es que contribuyan al cambio social para que desaparezcan precisamente algunas de las situaciones que conducen más frecuente mente a la drogadicción.
El fenómeno de las drogas en su dimensión actual comenzó en los albores de la sociedad industrial y comercial. Hasta entonces, cada sustancia mantuvo un valor concreto en el marco de cada sociedad, lo que en cierto modo, servía para proteger el equilibrio psicológico del usuario.


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